sábado, 14 de abril de 2007

Delicado

Cuan grande podía ser mi soledad
y aun no recuerdo que te importara hasta donde podía llegar
solía correr entre los caminos de tus sueños
y se fueron desvaneciendo los destinos dejando entre si
alegres amoríos y recurrentes deseos
No tengo para tu rostro un nombre ni una portada
te fuiste detrás de tu propio destino
en el rincón de tus deseos se fueron mostrando tus temores
y en el sitio donde te descubriste
quedaste ante todos como eras
triste, deseosa, altiva y fugaz, solitaria, temerosa
Cada madrugada tiene una nueva cara
en ese momento siento como perdí mis entrañas
como tengo el pecho descubierto y vacío
como el frío se apodera de mi valentía sin piedad
y como mis abrazos se pierden sin remedio en la infinita esperanza
de no sentir tu cuerpo caliente y desnudo
dormido y silente, es la impresión de la ausencia y de ti.
Hoy recobro mi lápiz, mis letras y mi voz
recojo cada pedacito de aquello que dejamos atrás
hoy tengo la idea de la muerte impregnada en mi sien
siento que he perdido y he fracasado
me paro y veo que ha amanecido un nuevo día
con todas sus cosas, ruidos, letras y acordes
y la gente de siempre
deambulando como cada estrella en el espacio
buscando cada cual lo suyo
devolviéndose a lo desconocido o a lo olvidado
Tus manos no sé si podrán estar quietas
-aún las extraño-
recorriendo sin sentido tus impulsos de alma esclava
de libertad, de sueños, de esperanza,
de la arquitectura de sueños y castillos en el aire.

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