En el rostro se le dibujó una sonrisa
era parecida al cantar húmedo de la mañana
sonaban entre si compases de silencios
rompían entre si, acompañamientos muy delgados
frágiles matices, fríos despertares y vacíos amaneceres
tenían todo arreglado en bolsas negras
lo habían acomodado como conscientes de que iba a suceder
Había un olor de gotas de tristeza
no eran frías ni eran nuevas
bajaron desde el rostro y se perdieron en el aire
Había llegado la melancolía, se había marchado la esperanza
Su voz era pálida como una pared abandonada
Nadie se cansó de esperar, ya todo había pasado
quizás, algunos ruidos quedaron, ruidos huecos
o algunos que ninguno quiso escuchar
En el camino fui encontrando letras extraviadas
rosas marchitas y canciones perdidas
Entre sus manos no encontró delicadeza
alguna más que la que antes había perdido
eran suaves como las de su madre, como las recordaba
se paró a ver su rostro y reconoció en su ojo izquierdo
una razón para el olvido, era su ojito perdido
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