Le dije en ese lugar
que está bastante lejos de ti
y muy por encima de todos
donde el cielo toca la cara
de quien llama a la puerta
de la casa del Señor
Que mis lágrimas yo habían sido suficientes
y mis penas sollozaban como eternas
Recogí y junté no sé porque
cuarenta y cuatro cristales
y solo me alcanzaron para decir Te Amo
quería tocar otras cosas
y recurrentemente te me apareciste
envuelta en la brisa suave y fría
En aquel lugar dispuse mi razón
para que fuera lo divino el verdugo
Nadie me dijo que iba a ser fácil
que pensar en ti rompía los huesos
que extrañarte era creer en fantasmas
y que alguna vez recobraría mi olfato,
-quizás, tu olor-
Abrí bien los ojos
descubrí en el medio del cielo
que aun lejos no era posible dejarte
por eso ahora – y por mucho tiempo –
estaré prometiéndole a Dios
entre las maravillas de su naturaleza
que tomaré mis mejores pasos
con tu innombrable presencia
que llenaré los espacios con letras
y subiré hasta donde él mismo
buscando perdón por abandonar la paz de mi instinto.
2 comentarios:
Por esas cosas de la vida encontré tu blog, ha sido un acierto leerlo, me sorprendió gratamente.
saludos.
Como sea, no es fácil llegar a la Cima, pero se llega. Tampoco es fácil, una vez que llegues, permanecer en ella. Pero es posible. Sólo que no es para cualquiera.
Y... respecto a tu comentario... Yo hablo de la vida, del amor y el sexo. Tú haces poesía y escalas montañas. Lo mío hace poesía. Tu poesía, hacer lo mío: vida, amor y sexo.
Gracias por visitar mi espacio. Por error borré tu comentario antes de publicarlo, pero lo publiqué luego, yo misma junto a mis excusas.
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